Sobre plantas y otras yerbas (o cómo hacer un buen experimento)

¿Qué hay que hacer para testar la eficacia de un producto que elaboramos en el club?

¿En tu club elaboraron una crema suavizante a partir de un producto natural? ¿o un repelente para insectos? ¿o un perfume? ¿Cómo saber si los efectos buscados se deben realmente a la crema, la loción, el repelente? ¿Cómo garantizar que hemos tomado todos los recaudos para que no sea tóxico o alergénico? Les dejamos acá una nota que aborda estas preguntas, entre otrs. Pueden descargar una versión un poco más extensa en el enlace de la derecha (en donde dice MAS MATERIAL).

 

Sobre plantas y otras yerbas

(o cómo hacer un buen experimento)

Los seres humanos venimos haciendo uso de las plantas con fines medicinales hace varios miles de años. Hoy en día seguramente habrás escuchado acerca de algún té de hierbas para la tos, o cremas con extracto vegetal para mejorar la cicatrización de heridas. Pero ¿son todos esos remedios realmente efectivos? ¿Cómo hacer para comprobarlo?

El procedimiento dependerá de qué queremos probar y de qué uso se le dará al producto, pero hay algunos puntos a tener en cuenta para hacer un buen experimento.

Lo primero que habrá que decidir es qué vamos a medir para evaluar el efecto del producto y dónde lo vamos a probar. Es decir, tenemos que definir la medición y la unidad experimental. Por ejemplo, en el caso de que querramos probar una crema cicatrizante, podríamos probarla sobre la piel lastimada y medir cuántos días tarda en aparecer la mejora en la piel. Una buena idea es documentar el proceso con fotos.

Pero con sacar fotos y contar los días hasta que se cicatrice la herida no alcanza. No vamos a poder sacar ninguna conclusión acerca de la utilidad de nuestro nuevo producto a menos que lo comparemos con algo. Lo que vamos a hacer es evaluar cuánto tarda en cicatrizar una herida por sí misma si no se aplica crema (o si se aplica la crema base). Lo llamamos tratamiento control negativo porque esperamos que no haya un efecto.

También podemos hacer otro tratamiento al que llamamos control positivo, en el cual aplicamos una crema comercial cicatrizante de efecto comprobado, y evaluamos si con nuestro producto obtenemos resultados similares.

Para que la cosa funcione, todos los tratamientos deben estar hechos en condiciones lo más parecidas posibles. Por ejemplo, no vale que a nuestro producto lo probemos en una lastimadura del pie de una tía y el control negativo lo hagamos en la rodilla de un hermanito. Podría ser que al tratarse de personas distintas, cada una tenga tiempos de cicatrización diferentes y los resultados que observemos no se deban a la crema que queremos probar.

Y tampoco es muy serio hacer una prueba en una sola persona. Una manera de evitar sacar conclusiones apresuradas es usar grupos: algunas personas probarán el producto, otros no harán nada, y otros usarán la crema comercial. Tenemos que asegurarnos de que los grupos sean lo más parecidos posibles entre sí: que tengan todos edades similares, que haya la misma cantidad de hombres y mujeres, y que todos los experimentos se hagan en las mismas condiciones.

Probar la efectividad de un producto no es tarea fácil. Sin embargo, si tenemos en cuenta los puntos anteriores a la hora de diseñar el experimento, vamos a lograr resultados más sólidos. ¡Podemos divertirnos desafiando a un amigo a que haga las pruebas para ver si logra los mismos resultados! En ese caso, ¡vamos a haber replicado el experimento! 

(agradecemos a las Lic. Elisa Schneider y Eugenia López por la elaboración de esta nota)